Nos encantó esta cascada que encontramos para nosotros solos cerca de Blackwater. Una de las razones por las que estábamos solos es porque el camino de acceso es recomendable hacerlo en 4x4. Yo sufrí por cada una de las piezas de la vajilla que llevábamos en la furgo.
Con razón se llamaba Rainbow Fall (cascada arcoiris)
Para dormir elegimos un sitio con un poco más de glamour que el del día anterior, un camping frente a un lago con unos pajaritos de colorines.
Y al dia siguiente nos fuimos a un cañón (Carnarvon Gorge) que nos había recomendado en el centro de información de Mission Beach la misma señora que nos había dicho que el outback a partir de los 500 kilómetros era un aburrimiento, ¡qué razón llevaba!
La ruta por el cañón son 12 kilómetros y tiene varios desvíos a los lados que merecen la pena.
En uno de los desvíos entras en una grieta que acaba en un espacio abierto que le llaman el anfiteatro por la acústica.
Otro tiene un bosque tropical dentro
Y otros tenían pinturas de aborígenes
El final de la ruta acaba en un cañón estrecho
Ese día acabamos durmiendo en el club de tiro de un pueblo llamado Roma. La pena fue que llegamos tarde porque había habido una subasta y para cuando llegamos ya estaban metiendo los rifles en sus cajas, pero nos dejaron sacar algunas fotillos.
Los dos días siguientes nos los pasamos en un camping dentro de la furgoneta esperando a que pasara el temporal de lluvia más intenso que he visto en mi vida. Y lo digo yo que vivo en el País Vasco pero es que no paró de llover ni un segundo en 48 horas. Así que compramos palomitas y nos hicimos jornadas de cine y teleseries tirando del Wifi que se habían dejado abierto en el camping. También nos entretuvimos bastante intentando tapar una gotera que teníamos dentro de la furgo.
Por fin salió el sol y nos acercamos a la costa. Primera parada: Surfers Paradise. Habíamos leído en la guía que el sitio no merecía mucho la pena, que era el Benidorm de Australia, pero con ese nombre había que ir.
Cuando llegamos no había ni rastro de un surfero. Más que Surfers Paradise nos encontramos con Freakys Paradise. Parece que nos persiguen los frikis porque estábamos tranquilamente tomando el sol cuando empezamos a ver un grupo de gente disfrazada de animal invadiendo la playa. Les preguntamos y nos dijeron que era un congreso de gente venida de diferentes partes del mundo para divertirse.
Y por fin llegamos a Byron Bay! Nuestra amiga Arantxa nos había hablado maravillas de este sitio, dice que es su lugar en el mundo y la verdad es que el pueblo merece la pena visitarlo. El enclave es espectacular, frente a un montón de playas vírgenes rodeadas de vegetación y, en el extremo, un cabo dónde rompen olas gigantes con un faro precioso en lo alto.
Es tan bonito que atrae a gente de todo tipo, hay ambientillo hippy, cantidad de surferos y también gente de pasta (nos enteramos de que Elsa Pataky se ha comprado una casa aquí).
Coincidió que llegamos el primer domingo de mes que es cuando hacen un mercadillo hippy enorme. Yo me recorrí todos los puestos mientras Pablo huyó a corretear por la costa.
Por la noche conocimos a un español que se gana la vida allí de artista callejero, cantando flamenco, "El gato navarro" para más señas. Nos gustó tanto su versión de la canción de Estopa "Como Camarón" que le compramos un disco. Después de hablar un ratillo con él y de quitarle la idea de volver a España a buscar trabajo, a pesar de ello, le debimos de caer majos y nos regaló otro disco con canciones propias, además, guitarra en mano, nos cantó una de sus canciones.
Y no nos podíamos ir de Australia sin hacer surf y Byron Bay es el lugar ideal. Hay playas con olas de tamaños a elegir según sea tu nivel. Pues bien, nosotros hicimos un curso de dos horas en la que quizás tenga las olas más ordenadas del mundo pero también en la única de toda Australia que tiene el agua marrón. El sitio no era para echarle fotos pero yo estaba encantada porque esto no tenía nada que ver con la vez que lo había intentado en Zarautz, aquello fue una lucha contra el mar y aquí conseguí ponerme de pie más de una vez y avanzar unos cuantos metros encima de la ola!
Cerca de Byron Bay está el pueblo de Nimbin dónde vive una comunidad hippy. Así que en su calle principal te encuentras las típicas consignas hippies: "paz y amor" "libertad" "marihuana legal" y los típicos hippies, atrapados desde mayo del 68, que se han pasado con la marihuana, como una señora entradita en años que nos encontramos en medio de la calle tocando una batería a las 9 de la noche (ésta se ve que era más de defender la libertad que la paz), también nos ofrecieron cookies de maría.
Esa noche, para darle emoción al final del viaje, dejamos la furgoneta atascada en el barro al entrar a un "camping", justo el día antes de tener que devolverla a 1.000 kilómetros de allí. Así que no nos quedó más remedio que dormir ahí y al día siguiente nos sacó el dueño con su tractor.
















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