El domingo es el día grande del freaky en Tokyo. Se ponen sus galas y se acercan al parque Yoyogi. Para verlo solo tienes que coger en tren, línea Yamanote, bajarte en Harajuku y...a disfrutar del espectáculo!!
Te deja justo en la calle Takeshita que es donde están todas las tiendas de la ropa/disfraces que les molan: de lolita, de gótico, de personajes manga, etc
Luego vas siguiendo a la gente, te dejas llevar por la multitud y llegas a la entrada del parque Yoyogi donde te encuentras un grupo de rockabilys que quedan para bailar. Cuando fuimos nosotros llovía un poco y anularon la función, fue una pena porque aquello pintaba bien. Lo compensamos con los grupos de gente que estaban, ya dentro del parque, haciendo sus coreografías. Éstos bailan estilo libre, siempre con un líder que se ha llevado la coreo ensayada de casa y los demás le siguen.
Los trajes que se me ponen no tienen desperdicio. Pablo se quedó impresionado con el de este chico, de marinero con polainas:
Pero a mí el que me dejó muerta fue éste que se intercambiaba las pelucas y parecía que llevaba máscara
Los que lo daban todo:
Y asi, de esta manera, viendo tokyotas locos bailando, conocimos a una pareja de madrileños, Tania y David, tan majos que nos fuimos con ellos a comer. Y acabamos pasando el día entero con ellos.
En el restaurante dónde comimos hacían cafés con dibujos de chocolate y, ya que nos habíamos metido en el mundo de los freakys, pedimos que nos personalizaran un par de ellos.
Y yo me pedí a Malefica... Y según Pablo también me parezco, jeje.
Aquí el artista
Volvimos a la Takeshita Street con Tania y David y ya, con el subidón del café, nos empezamos a sacar fotos con los freakys. Ellos encantados y nosotros más.
Nos aprovechamos de que David se había currado el viaje a Japón bastante más que nosotros y nos hizo de guía. Fuimos al templo Meiji Jingu que está también en el parque Yoyogi.
Nos encontramos con una boda
De aqui nos fuimos andando al barrio de Kabukicho, que está lleno de restaurantes, tiendas, karaokes de 5 plantas y, por supuesto, letreros luminosos que no falten por todas partes.
La visita guiada continuó por el "callejón de los yakitoris". Los yakitoris no son otra cosa que brochetas de carne y hay una callejuela llena de bares que los venden. Son bares de esos que nos gustan a nosotros, auténticos, tirando a cutrecillos, donde en 4 metros cuadrados meten a 20 y abarrotados de paisanos, garantía de que va a ser barato. El sitio era tan estrecho que nos metieron por el portal de al lado para poder llegar al fondo.
Y para terminar el día nos llevaron al observatorio que hay en la planta 45 del Gobierno Metropolitano de Tokyo. La parte buena es que es gratuito, la mala es que las vistas son a través de cristales.
Lo bueno de los viajes es que no solo conoces sitios sino también gente y con gente así da gusto encontrarse en el camino.
No nos podíamos ir de Tokyo sin ver luchadores de sumo así que el último día madrugamos y volvimos al distrito de Ryogoku a ver si nos dejaban entrar en algún gimnasio donde entrenan.
No es tan fácil como habíamos leido en Internet porque primero hay que encontrarlos (aquí no hay carteles luminoso indicando "Sumo Gym") y tampoco dejan entrar a todo el mundo. Pero tuvimos una potra increible porque justo cuando llegamos estaban 3 guiris en la entrada intentando lo mismo que nosotros, con la suerte de que una de ellos sabia japonés y además les habían llevado regalos. Así que nos dejaron entrar a todos.











































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