jueves, 23 de abril de 2015

Nikko y Kyoto: el antiguo Japón

Por todo Japón puedes encontrar cantidad de templos pero hay sitios que son un verdadero viaje al pasado. 

Es el caso de Nikko, un pueblecito no muy lejos de Tokyo dónde se han conservado diversos templos y santuarios contruidos entre la naturaleza.

En Japón la religión principal es el budismo pero se mantiene una religión muy antigua que es el sintoísmo. El sintoísmo no tiene dogmas y creen en seres mitológicos, por eso sus templos siempre van a tener figuras divertidas que representan dioses de la naturaleza.

El templo más famoso de Nikko es el de Thosogu.
Incluye varios edificios e imágenes curiosas. Sin duda, la más famosa es la imagen de los 3 monos sabios (algunos los pueden reconocer como los 3 monos del guasap) que representan "no ve" "no oye" "no habla". Yo pensaba encontrarme una figura de gran tamaño pero resulta que no y que además están en un friso de madera adornando un establo. A modo de curiosidad leí que ahí guardan un caballo que regaló el gobierno de Nueva Zelanda a Nikko.

La entrada al templo





En muchos templos hemos visto esto que nos parecían tambores; pues son barricas de sake (vino japonés que sacan del arroz). Suponemos que están a modo de ofrenda.



Visitamos también la capilla de Futarasan, dedicada a los dioses de la montaña:





La diosa de la tontuna


Los monjes también están preparados para la lluvia 


Por la noche el dueño de la casa dónde nos alojamos nos llevó a un onsen lowcost. Aquí llaman onsen a un spa de aguas termales naturales dónde hombres y mujeres se bañan por separado. Al que fuimos tenía 2 piscinas canijas, interior y exterior, que casi nos teníamos que turnar para meternos, pero por 500 yenes (4€) qué vas a pedir.



Después de Nikko nos fuimos a Kyoto en el tren bala. Por el camino se ve el Fuji. Nosotros queríamos habernos acercado un día para hacer algún trecking pero, como no ha parado de llover, nos hemos tenido que conformar con verlo desde el tren.




Kyoto ha sido el gran descubrimiento, nos ha encantado. 
La ciudad es enorme pero Conserva barrios antiguos dónde todavía hay gheisas y templos rodeados de lagos y jardines cuidados al detalle. Nos ha dado muchísima pena no haber podido difrutar de un día soleado para haberla recorrido en bici como hacen sus lugareños.

Llegamos un domingo por la tarde. Mi reto era ver una gheisa y había leído que los domingos se acercan a un templo del barrio de Gion. Pues se ve que las gheisas se habían recogido ya en sus casas y lo que nos encontramos fue una feria que tenían montada en el parque que rodea al templo, el parque de Maruyama.
Aquí vimos que las ferias en todo el mundo son iguales. Si cambiamos la sidra por el sake, los talos por las brochetas y los trajes de neska por los kimonos, eso era lo más parecido a San Prudencio en versión txiki, pero es que aquí la deben de montar todos los domingos.

La entrada al templo


Pablo con las neskas de Kyoto

Mi foto favorita 

Estos japoneses son tan cuidadosos para todo que nos dejaron alucinados con el botellón que se habían montado. Cada uno se llevaba su alfombrita y, por supuesto, se descalzaban. 


Como dice Pablo, esto en España es impensable. Si nos tenemos que poner de acuerdo para llevar todos la albombra, a la mitad se le olvida y la otra mitad se la han dejado a un primo que hizo botellón el domingo anterior y la perdió.

A la hora que llegamos la verdad es que la gente ya iba de sake hasta arriba así que no les importaba sacarse fotos con nosotros y hasta nos echamos un amigo.

Nosotros también probamos el sake.

La cara lo dice todo. Lo que se dice rico rico no está. Sabe como a aguardiente rebajada.


Aquí con nuestro amigo que nos hizo unos regalitos:


Unas cajas de cerillas muy monas que al abrirlas tenían sorpresa:

 
Aprovechamos que el colega de las cerillas sabía algo de inglés para preguntarle cosillas. Yo tenía mucha intriga en saber por qué había tantas chicas vestidas con el kimono, especialmente en Kyoto. Pensaba que se lo pondrían los días festivos pero este hombre nos dijo que la mayoría son turistas que lo alquilan.

Calle Hanamikoji. Es una calle mítica llena de restaurantes donde las gheisas acuden a banquetes. Nosotros al día siguiente vimos una en esta misma calle pero no nos dio tiempo a sacar la cámara.

Volvimos a casa dando un paseo por uno de los canales que están preciosos en esta época del año con los cerezos en flor.

Al día siguiente se nos ocurrió meternos en un baile de maikos (aprencices de gheisas) aprovechando que solo lo hacen en Abril. Los cinco primeros minutos nos pareció todo muy bonito pero al sexto empezamos a mirar el reloj. Seguro que es por incultura pero aquello nos pareció insoportable y os aseguro que la voz de las maikos era de todo menos dulce, más bien tirando a estridente.

Nos pasamos la tarde paseando por el barrio de Gion.

Callejón de Pontocho

Río cubierto de pétalos en el Paseo de la Filosofía 


Al día siguiente fuimos al norte de la ciudad para visitar el templo Kinkaku-ji. Le llaman el Pabellón de Oro porque realmente está hecho con láminas de oro




Lo bueno de Kyoto es que paseando en cualquier esquina te encuentras sitios curiosos.

Como esto que encontramos al lado de un parking y no nos quedó muy claro lo que era.


O un templo con ofrendas peculiares.

 Se ve que Buda es más de cerveza que de gintonics

O parques adornados con dibujos de niños 




Al atardecer descubrimos que hay un templo en la ladera de la montaña que tiene un bosque de bambú, con unas vistas estupendas de Kyoto y además lo iluminan por la noche. Es el templo de Konjii y fue la mejor visita que hemos hecho en esta ciudad. En torno al templo hay un barrio que ha conservado las construcciones de las antiguas casas japonesas, con muchos comercios y también merece mucho la pena, pero hay que ir pronto porque a las 6 todas las tienditas están cerradas y no se ve ni un alma por la calle.



Tiene un jardín zen en el que hacen un espectáculo de luces.

La foto es tal cual, no hay Photoshop 









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