miércoles, 15 de abril de 2015

¡Sorpresa! Nos vamos a Japón

Lo reconozco, yo he sido la culpable. Tenía muchas ganas de viajar a Japón desde que vi las fotos del Facebook de unas compañeras del trabajo, Jaione y Maider, hace un par de años. Ivanka también me había contado maravillas. Así que no paré de darle la chapa a Pablo hasta que lo he conseguido. Buscamos unos vuelos baratos y para allí que nos fuimos un par de semanitas.

Esos locos tokiotas

En Tokio te sientes como en una peli de Paco Martínez Soria llegando a la gran ciudad. Abruma, hay gente por todas partes yendo a todo correr y la mayor parte de los carteles están en japonés. Para mi el mapa de metro y tren es como una gymkana; menos mal que Pablo con estas cosas se orienta, debe ser un superpoder que desarrolllan los madrileños. 

Según llegas flipas, flipas allá dónde mires. Lo primero que hicimos al llegar al hotel fue ir a ver el baño. ¡Si, es como nos lo habían contado, con asiento calefactado y chorritos! Pero es que son así en todo el país, incluso en algunos baños públicos. Empiezas a tocar botones (porque están todos en japonés) y resulta que te encuentras uno que es para poner sonido de fondo, ¡lo tienen todo pensado estos japoneses!

También nos tenían preparadas las zapatillas de casa a la entrada. Y es que en todas las casas (y ésto incluye hoteles, hostels y apartamentos en que nos hemos alojado) te "prohiben" entrar con el calzado de la calle. Así que los suelos están relucientes. Esta idea nos la vamos a copiar para casa.

A la hora de comer te lo ponen fácil: 

Primer paso: Eliges la comida en el escaparate. 


Hay réplicas de las comidas que ofrecen hechas de cera.


Segundo paso: apuntas el número de la que más apetecible te parece y vas a la máquina a encargarla y pagar.


Luego ya te la sirven dentro como en cualquier otro restaurante. Pero con la maquinita se han ahorrado 3 camareros explicando a los extranjeros qué es cada plato y otros 3 para encargarla. Es el súmmum del autoservicio aunque yo prefiero el camarero de toda la vida, de libretita y boli Bic.

Los 3 primeros días en Tokio hemos ido a diferentes barrios.

Akihabara: distrito de la electrónica, el manga y los videojuegos. 
Salimos asustados de este barrio. Está lleno de salas de recreativos con todo tipo de maquinitas con la musica a todo trapo. Y eso que fuimos un martes a las 10 de la mañana, no me quiero imaginar lo que es ésto un sábado por la tarde. 




Estas eran una especie de tragaperras versión manga

Esta nos gustó mucho. El trajeado, supongo que en su hora de descanso del curro, ahí estaba siguiendo una coreografía con el tambor.

También tienen un fotomatón que te agranda los ojos y luego te puedes añadir complementos por ordenador: orejas de gato, lacitos, pelo rubio...esas cosas que les gustan a las japonesas. Nosotros nos sacamos una foto con unas señoras de Canada que estaban emocionadas con el invento.


Por supuesto entramos en una tienda de muñequitos manga. Aquí te encuentras una estantería con Hello Kitys al lado de otra con figuritas totalmente porno.


Pero lo peor de lo peor son los Cafe Maid. Son tugurios dónde pagas porque unas chicas vestidas de sirvientas te entretengan bailando, dándote conversación y sacándose fotos contigo que luego te las cobran....para que digan que en Euskadi es dificil ligar. Las mismas chicas están por la calle para captar clientes. 
Y como hemos venido a conocer todo, pues allá que fuimos.
El espectáculo era lamentable. Por un lado, la camarera salía al escenario y bailaba como puede bailar mi sobrina de 5 años, saltanto y aplaudiendo y, por otro lado, habían dos autóctonos siguiendo la música con unos palos laser en la mano. Pablo se metió en el papel y se puso a darle a una castañuela que se encontró encima de la mesa y resultó que era el timbre para llamar a la camarera.



Para digerir el impacto y la comida malisima que nos pusieron en el Maid Cafe nos fuimos del barrio al paso de cebra más famoso del mundo.

Shibuya

Es famoso porque es el más multitudinario del mundo y la verdad es que a las 7 de la tarde, cuando salen todos de currar, asusta. Nos subimos al Starbucks a ver el espectáculo desde la cristalera.

Preparados...

Al ataque!!



Ueno y Asakusa

Ueno es conocido por su parque con varios templos, museos y un estanque

En el parque de Ueno ya empezamos a ver japoneses celebrando el "hanami". Celebran la floración de los árboles y por todo el pais nos los hemos encontrado sacándose fotos posando junto a las flores. Tienen hasta mapas de tipos de árboles a la entrada de los parques. 


Otra tradición es la de dejar frases escritas en tablitas de madera a la entrada de los templos con rogativas a sus dioses.


También te puedes dar un paseo en barquito por el estanque


Luego, en el barrio de Asakusa, nos acercamos al río que atraviesa Tokyo, el río Sumida. En la orilla vemos el Skytree (el edificio más alto de Japón) y otro edificio con una cosa dorada en su azotea. Resulta que esa cosa rara es una alegoría a la espuma de la cerveza porque es el edificio de la Kirin, una de las marcas de cerveza más importantes de Japón.


Muy cerca está el mercado de Ameyoko.


Aquí te puedes encontrar de todo. Desde un señor elegante vendiendo relojes al lado del pescadero:


Hasta a Falete vendiendo comida to take away:

Estas bolitas son una especie de croquetas de pulpo, muy ricas.

Y finalmente llegamos a la principal atracción turística del barrio de Asakusa: el templo Sensoji. Es el templo más antiguo de la ciudad y el que más visitas recibe.






Hemos venido a Japón convencidos de que hay que meterse en su cultura asi que seguimos todos los rituales que hacía la gente en torno al templo.

Ritual de la frase de la suerte:

1. Agitas la caja de los 100 palillos:


2. Sacas el palito para ver el número que te ha tocado y vas al cajoncito que tiene escrito el mismo número. Como los números estaban en japonés estuvimos buscando por dibujos y luego pedimos ayuda para corroborarlo, no vaya a ser que cambiemos nuestro destino así a la ligera.


3. Sacas el papel para ver lo que te deparará el futuro: oh! Nos ha tocado la mejor fortuna!


4. Cuelgas tu papelito hecho un nudo.



Ritual del humo: 

Este es más sencillo. Sólo hay que encender el incienso y echarte el humo por la cabeza.



 
Ritual del agua. 

Seguimos las indicaciones del cártel para no equivocarnos en el orden



Y asi, totalmente purificados y con el karma a tope, nos fuimos a ver atardecer a la bahía de Tokio.

Odaiba 

La mejor forma de ir es en el monorail que va entre edificios. Me recordaba al Dragon Khan de Port Aventura y por un momento pensé que ibamos a hacer un looping.




Odaiba tiene una playa, edificios que parecen sacados de la serie de dibujos Futurma y el puente Rainbow que cruzamos andando mientras veíamos la puesta de Sol.


Edificio de la televisión de Japón 





Marunouchi

En este barrio está el Palacio Imperial, el "Edificio de la Dieta Nacional" (parlamento de Japón) y varias embajadas y edificios ministeriales.

El Palacio Imperial es la residencia del emperador de Japón y solo lo puedes ver por fuera, a lo lejos y desde un lateral, así que hay que tirar de zoom para la foto.



El edificio de la Dieta es un poco feo. De hecho, no nos encontramos con ningún turista. 



Buscando un sitio para comer, llegamos al parque Hibiya Koen que es muy pequeñito pero nos encontramos unas cuantas cosas curiosas. 

Siguiendo unos ruidos, que pensabamos que ibamos a acabar en una batukada japonesa, nos topamos con una manifestación. A un lado estaban los manifestantes y, a otro, un grupo de señores con traje que apuntaban en una libreta no sabemos el qué, cada vez que los otros gritaban pero nos quedamos con ganas de preguntarles.



Justo al lado estaban unos cuantos curritos haciendo gimnasia a la hora del lunch. Los tipos lo daban todo sin despeinarse y sin quitarse el traje.



Y detrás nos encontramos un concierto de la orquesta de Tokyo.



Acabamos comiendo en "Monja Street". Le llaman así a la calle porque está llena de restaurantes que te preparan monjayaki, una comida típica japonesa que cocinan a la plancha delante tuyo, porque las mesas incluyen la plancha. Probamos eso y el okonomiyaki (especie de tortilla) y recomendamos ambas.



Por la tarde nos fuimos a Ryogoku, el barrio del sumo. Resulta que en Abril no hay campeonato así que nos paseamos por el barrio a ver si veíamos algún luchador entrenando pero nos dijeron que para eso hay que madrugar.






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