Pero nuestros días de relax empezaron mal. Cogimos un bus de Cusco a Ica para acercarnos a las dunas de la Huacachina, en plan VIP, con asientos que se hacen cama, tele en cada asiento.... todo aparentemente muy estupendo... ¡pues no! Resultaron 18 horas de viaje por una carretera del infierno, llena de curvas, dónde no había quien durmiera entre el mareo y el señor que se sentaba a nuestro lado que parecía que le hubieran puesto aquel mismo día la tarifa plana en el móvil porque no paró de hablar! Para rematar el viaje, (y aquí es dónde empieza la anécdota favorita de Pablo) en mitad de la noche nos despertaron los gritos de una señora que viajaba en la parte de abajo del bus pidiendo auxilio porque su madre no respiraba.... Pues bien, nos encontramos a las dos de la mañana, por un lado, yo, en la parte de arriba del bus, con un mareo impresionante aguantando las ganas de vomitar y, por otro, Pablo, en la parte de abajo, con un mareo todavía mayor por ir haciéndole la RCP (reanimación cardio-pulmonar) a la señora que no respiraba, mientras su hija lloraba desconsolada y los pasajeros de detrás roncaban como si allá no pasara nada. Así durante dos horas, montaña arriba y montaña abajo, hasta que llegamos a un hospital, aunque la verdad es que tampoco sirvió de mucho porque la mujer ya estaba muerta.
Por fin llegamos a Ica, probablemente la ciudad más fea de todo el Perú. Pero lo bueno está a tan solo 5 kilómetros de la ciudad, las dunas de la Huacachina. Lo normal es que aquí hubiéramos hecho sandboard y cogido unos buggies para ir por las dunas como hace todo el mundo, pero como estábamos en modo relax, nos limitamos a ver atardecer.
De aquí nos fuimos a Lima, capital de Perú y de la gastronomía. Todo el mundo nos había dicho que aquí se comía genial y la verdad es que tenían razón. En casi cualquier sitio comes bien, muy bien o espectacular. Por eso, desde que llegamos no paramos de disfrutar de la comida (vamos que nos hemos puesto "como el tenazas" que se dice en mi pueblo). Entendimos la frase de nuestro amigo Jose que nos dijo que volvería allí solo para comer.
Nos emocionamos hasta tal punto que nos apuntamos a un curso de cocina... nosotros que durante el resto del año lo más elaborado que hacemos son filetes a la plancha con ensalada y que tenemos que ir a casa de mamá para comer algo que se haya cocinado dentro de una olla. Y la verdad es que fue una experiencia totalmente recomendable con visita al mercado incluida.
Hicimos una degustación de frutas. Esto es solo una muestra de las 30 frutas que probamos
Paseando por el mercado
Con este maíz hacen la bebida favorita de los peruanos (después de la cerveza), la "chicha morada"
Al rico gusanito!
En Perú el cultivo de patatas se les ha ido de las manos y tienen todo tipo de variedades, no una ni dos ni tres, sino 3.000 tipos de patatas! Esta blanca con pinta de champiñón es una de ellas
Ajíes
El resultado de nuestra experiencia Master Chef:
De primero: Ocopa, papas con salsa de queso y ají
De segundo: Chupe de marisco con quinoa, una sopa de lo más rico que he probado en mi vida (es una pena que para repetirla necesito 25 ingredientes de los cuales la mitad solo los venden en Perú)
Tercer plato: Rocoto relleno
De postre: Mousse de lúcuma. Si me dejan me hubiera comido un kilo de esto.
De postre: Mousse de lúcuma. Si me dejan me hubiera comido un kilo de esto.
Pero en Lima también hay cosas para ver.... como la Feria del Chocolate! Empiezo a entender por qué he vuelto de este viaje con 3 kilos de más.
Plaza de armas
Parque del amor
El 15M de Lima en versión corrillo; parece que sólo les interesa a los hombres
Circuito del agua en el Parque de la Reserva
Nos lo pasamos como enanos viendo calarse a la gente que le salían chorros de agua de repente
A estas alturas del viaje estábamos hartos de hostels con camas duras, duchas de chorros ínfimos, almohadas de 5 centímetros y desayunos de pan y mantequilla, así que tiramos la casa por la ventana y nos fuimos a un hotelazo. Pero queríamos ver la playa sin tener que estar con el chubasquero puesto así que nos fuimos hacia el Norte, hasta Trujillo, un pueblo con un bonito centro, con playa y pirámides.
Disfrutamos del hotel como nunca, hasta tal punto que el primer día por poco no salimos de la habitación, lo hicimos porque nos parecía mal quedarnos allí a comer.
El segundo día ya nos dimos una vuelta por el centro
Camino de la playa
Y nos fuimos a la playa de Huanchaco dónde dicen que inventaron el surf (aunque creemos que la fuente no es muy fiable). Aquí los pescadores siguen trabajando de la manera tradicional con sus barcas de totora (juncos).
Toda esa red está llenita de cangrejos
Junto a Trujillo están las ruinas de la ciudad de Chan Chan dónde hay varias pirámides construidas en adobe en el siglo I. Entre que el material que emplearon no es el más resistente y que han pasado veinte siglos, las pirámides están bastante reconstruidas para hacerte a la idea de cómo eran.
El último día Pablo tiró al mar su "collar de vacaciones" que le ha acompañado durante todo el viaje.
Y así de esta manera terminamos nuestra aventura, felices, super relajados y con muchas ganas de volver a casa.
Para darle más emoción a la vuelta tuvimos un cambio de avión en el último momento justo antes de despegar porque el primero en el que nos embarcaron estaba estropeado..... aventura hasta el final!!!
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